
Google Chrome OS es un producto, Google es una compañía. Para los fanboys y detractores que hayan olvidado ese pequeño detalle, bueno les sería recordarlo antes de lanzar su armamento pesado. Como producto, es natural que su creador busque posicionarlo y dejarlo en la mente de su público, lo que es obviamente natural también si consideramos que la gran G, tiene un enorme público cautivo que usa, promociona y distribuye sus aplicaciones (¡Hola, compañero consumista cautivo de Google!). Por lo tanto una vez más, era más que obvio y natural que ellos pensaran en una forma de integrar todos sus servicios.
“Yo no confió en la nube” - Dicen algunos, en realidad hacen bien. Yo tampoco confiaría en la nube para todo, sobretodo mi información más privada y personal, pero, ¿qué hay de gmail? ¿No es cierto que muchos de nosotros somos usuarios de dicho servicio? Por supuesto Gmail es un gran cañón repleto de pudín de manzana, es delicioso, es rico, útil, todos queremos un trozo de él y como consecuencia le entregamos nuestros datos. Pero el problema no es la nube, ni la empresa que se afana en cada vez más entrometerse en nuestras vidas; no señor, el problema es una vez más, el usuario.

Porque yo recuerdo aquellos días no muy lejanos en los que de repente apareció Gmail, y todos corrimos a usarlo, regalábamos invitaciones, hacíamos parodias de ello y maltratábamos a los que usaban otros servicios como Yahoo y Hotmail, siempre con esa socarrona creencia de poseer la verdad absoluta, “¿Así que aún usas jotmeil, eh, perdedor de porquería?”, “Joder con ese mi jefe, es tan ignorante que aún usa hotmail”. Luego salió Google Maps y Google Earth y todo el mundo a buscar su casa y a geoposicionarse, como si en realidad al mundo le importara donde vivimos. Nuestra febril entrega el consumismo electrónico hace que creamos que todo lo electrónico es bueno y que pocas veces pensemos en las complicaciones, en los acuerdos de licencia, contratos, TOS y demás cosas que nos apresuramos a firmar, aceptar y abrazar importándonos muy poco nuestra privacidad o minimizando el impacto por el deslumbre de lo innovador.

No con eso estoy diciendo que toda esa tecnología sea mala, hay casos exitosos donde estás tecnologías han ayudado a facilitar y mejorar las cosas, pero bien decía mi sabía y entrañable abuela “Ni tanto que queme al santo, ni tanto que lo alumbre”. En resumen, si vas a usar un producto o servicio dirigido a la nube, úsalo, pero analiza con ojos objetivos lo que haces con él, antes de dejarte influenciar por los arrastrados tecnológicos o los frustrados conspiracionistas, piensa primero, ¿Me sirve en realidad? ¿Aporta algo bueno y útil a mi realidad? ¿Está a mi alcance? ¿Puedo hacer algo para que este a mi alcance considerando que su nivel de utilidad sea relevante? ¿Me conviene hacerme dependiente de ello?
Renegar de la nube no sirve de mucho, alabar a veces hasta caer en el dogmatismo tampoco (y eso que muchos de estos se consideran ateos o lo que este de moda y se llenan la boca hablando contra la religión) Social, económicamente y hasta tecnológicamente hay muchas cosas que aún no están al alcance de todos (y no lo estaran en mucho tiempo, seamos honestos), pensar que la nube es lo definitivo es cerrarle el camino a mucha gente, y encerrarnos en una única alternativa cuando en realidad siempre es bueno que haya más de una (recordemos que siempre debe haber un plan B) ¿Es necesaria la nube en todos los sentidos? ¿Es 100% práctica y confiable? ¿Lo será algunos años más adelante? Le respuesta a esa y otras preguntas es un simple, llano y humilde No.
Son las sinceras reflexiones de este cavernícola digital